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¿Es posible la continencia periódica?

Dr. William Uricchio Ph D *

¿Cómo lograr que la abstinencia periódica sea más aceptable para los usuarios de planificación familiar natural?

La abstinencia periódica ha sido señalada como uno de los mayores obstáculos para que la planificación familiar natural tenga mayor difusión y como una interferencia a la espontaneidad sexual. Pero podemos explorar este asunto de la abstinencia periódica en un contexto más positivo, como algo que trae muchos beneficios y que puede conducir a fortalecer los vínculos conyugales y que también incrementa los aspectos emocional y sexual del matrimonio.

Las parejas casadas que utilizan la planificación familiar natu­ral, con la abstinencia han descubierto que les ayuda a armonizar el amor, la vida y la verdad. No sólo permite a  los cónyuges aprender muchas cosas respecto de ellos mismos en cuanto seres sexuados, sino que también les enseña cómo y cuándo pueden engendrar una nueva vida. Además, les enseña que el amor entre dos seres es mucho más grande que el placer sexual, y que el método exige autocontrol, autodisciplina y también  capacidad de sacrificio.

También es importante que la pareja esté consciente de que la práctica de la abstinencia periódica es una opción consciente, que se hace con la esperanza de conseguir un mayor logro perso­nal. No debemos olvidar que decidir realizar el acto sexual es también una opción.

Con frecuencia se arguye que uno debe actuar siempre de acuerdo con sus deseos sexuales porque si uno no actúa de acuerdo con estos sentimientos, ellos reprimirán un impulso físico incontro­lable, y que esto puede llevarnos a la frustración y a la ansie­dad.

Al examinar este concepto desde el punto de vista fisiológi­co, encontramos que no hay una verdadera necesidad de actuar sexualmente cada vez que uno tiene este impulso. Nada ocurrirá si uno se abstiene de realizar este acto sexual.  Este impulso no es lo mismo que el hambre, la sed o el anhelo de intimidad, que son verdaderas necesidades.

Aún cuando haya muchos individuos que crean que la relación sexual es el único camino para lograr realizarse, la pareja debe entender que las gratificaciones sexuales físicas en sí mismas no conducen a la realización personal.

Dentro del matrimonio cada acto sexual es plenamente elegido, y no se le experimenta como algo automático, inconscientemente por fuerza de la rutina; por esta razón no hay necesidad de pautas sobre cómo practicar la continencia periódica. Si uno está em­pleando la planificación familiar natural para espaciar los embarazos, lo único que necesita es decidir con el cónyuge que se abstendrán del acto sexual en el período fértil. Ya que estas opciones en lo sexual son decisiones mentales, uno puede optar por tener relaciones sexuales o por abstenerse en los momentos apropiados. Para practicar la abstinencia uno debe hacer una opción consciente por una buena razón. Quizás nos ilusiona nues­tra propia realización personal,  así como el deseo de enriquecer nuestro amor.

Cuando amamos a alguien, imaginamos que, al casarnos, el amor que nos tenemos llenará nuestras vidas y que el crecimiento del amor por el compromiso de entrega merece todos los sacrificios que tengamos que hacer por el camino. De manera semejante, cuando acordamos abstenernos tenemos la idea de que las recompensas que nos aportará la absti­nencia superarán con creces el sacrificio de la actividad sexual. Si el acto sexual es la clave mayor de la relación, y si con el tiempo el acto sexual se torna molesto, los miembros de la pareja pueden llegar a la convicción de que la relación no puede conti­nuar. Por esta razón es muy importante para las parejas, no importa que estén practicando o no la planificación natural, que se experimenten mutuamente en un plano de unión más amplio.

La incapacidad para amarse plena y cómodamente constituye un gran problema en muchos matrimonios. Esto ocurre cuando se pone mucho énfasis en el aspecto sexual del matrimonio (como en la ejecución del acto y en el orgasmo) más bien que en el aspecto emocional, particular­mente en las emociones ligadas con el amor y la ternura.

La abstinencia periódica, por el contrario, no niega el amor y más bien ofrece un período para redescubrirlo y revitalizarlo y una oportunidad para reabastecerlo. Durante este período de abstinencia periódica uno debería intentar descubrir una nueva y completa dimensión de respuesta al amor. Las parejas pueden entonces descubrir que son capaces de comenzar a experimentar una calidad de atención que les permiten ser conscientes de los sentimientos de intimidad, ternura y plenitud de amor en la relación, así como en otros aspectos de sus vidas. En lugar de dejarse dominar por una sola clase de respuesta al amor humano, la sexual, ellos experimentan un tipo más pleno de auto-expresión, algo que es más durable y permanente.

La abstinencia periódica capacitará a la pareja para explorar más profundamente lo que ambos realmente poseen en común sin la presión dominante de la relación sexual. Ella ayuda a hacer surgir y a reconocer los valores ocultos del amor conyugal. Cuando una pareja se siente profundamente unida y opta por no expresarse sexualmente el amor, entonces comienzan a salir a flote otras maneras de expresarse estos sentimientos.

Si uno se reduce a emplear la relación sexual  como el único vehículo para expresarse siempre el amor, la expresión puede llegar a convertirse en un hábito. Si, por otra parte, el amor se orienta por un camino distinto del usual, encuentra nuevas respuestas y más opciones de expresión. Puede resultar algo semejante a revivir el cortejo, pero esta vez sin el temor del rechazo. Puede recrear las varias cualidades del romance: la intensidad, la energía, la dulzura, la sencillez y la solícita atención que se brindan dos seres enamorados.

La abstinencia periódica puede ser empleada positivamente para romper ese patrón de condicionamiento y limitación en las rela­ciones de amor, suprimiéndole el centramiento en el sexo con miras a explorar  más intensamente el amor. La energía del amor se abre una nueva veta de expresión  cuando la expresión genital deja de ser la única expresión del amor conyugal. El amor se transforma espontáneamente en una co­rriente de energía más sutil, sin que la estorbe ninguna acción ni ningún límite. Esto ofrece a las parejas un pleno sentimiento de amor, una especie de entrega amorosa en la cual los sentimien­tos de ternura se hacen más profundos.

Durante el período de abstinencia, mantenemos el amor y la cercanía, pero sin que se realice el acto sexual. Uno puede aprender a tocar en forma no posesiva, sin el propósito de ini­ciar la actividad sexual. El estar conscientes de la propia sexualidad y pensar en ello como en un estado pasivo en lugar de activo, nos ayuda a poner el énfasis en un sentimiento generali­zado de amor y bienestar, más bien que en una respuesta localiza­da.

Los americanos tienen la reputación de haber creado una cultura en la cual nadie toca a nadie a menos que se esté buscando sexo. Tocar, estrechar las manos, acariciar, acer­carse, en realidad son indicaciones básicas de amor. Una cierta cercanía produce un sentimiento de cercanía emocional, lo cual produce satisfacción. El tocar en sí mismo constituye un fin, es una forma primaria de comunicación, una voz silenciosa que evita los escollos de las palabras cuando expresa los sentimientos del momento. Para muchos comunica afecto, confianza y produce senti­mientos de comodidad y seguridad. El tacto es muy importante para la mayor parte de los seres humanos y son sólo muy pocos los que en nuestra sociedad pueden lograrlo suficientemente. La mayor parte de las mujeres y muchos hombres desean tocar y ser tocados, sin que eso tenga que ver con el sexo. La cercanía física sin sexo físico es algo que las mujeres tienen la tendencia a disfrutar y que en realidad preferirían de cuando en cuando, porque incorpora tantas sutilezas del amor y el romance.

La abstinencia periódica puede ser empleada con provecho para fomentar el amor y el crecimiento en la relación. Esto significa ser receptivo, considerado y maduro, lo cual significa también el tener el control de la propia vida.

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* El Dr. William Uricchio es profesor de Biología de Carlow College, en Pittsburgh, Pennsylvania. Durante varios años fue presidente del Consejo Directivo de la Federación Internacional de Acción Familiar (FIDAF).

Traducción: Pbro. Gilberto Gómez B., docente del Instituto para el matrimonio y la familia - UPB.